Negrita cursiva

25 junio 2008

To be continued...

Aquí les dejo mi propuesta con el texto correspondiente.


Propuesta: Eliminar nuestra parálisis escribiente.

Dispongo de una introducción con la cual no he podido continuar desde hace meses. Ante la imposibilidad de ver hacia dónde se dirige en realidad la historia (que en un principio tenía muy claro pero luego no sé por qué se nubló la claridad), estoy clamando por su orientación.

He decidido ceder la introducción de mi historia a ustedes y que cada uno siga el texto bajo las siguientes reglas:
a) Tratemos de respetar en la medida de lo posible el estilo, para que exista cierta fluidez y coherencia entre cada episodio.
b) Las correcciones o sugerencias también son bienvenidas y se pueden enviar por mail o en los comentarios.
c) Al final de cada episodio, hasta que la historia termine, deberá leerse un "To be continued..." o "Continuará.", para que la siguiente persona que publique sobre esta propuesta sepa desde dónde debe retomar el relato.
d) Los episodios pueden estar numerados o no, y pueden tener títulos individuales si así lo desean, mientras que exista continuidad con lo anterior.
e) Nos comuncaremos por mail para que el que levante la mano el que tome la posta y así no nos pisamos mutuamente el episodio.
f) El personaje principal hasta el momento no ha sido bautizado. Si quieren podemos ponerlo a consideración por correo.
g) La temporalidad ha sido planteada de manera de que el presente, el pasado y el futuro tengan su nexo con el libro que el personaje está leyendo, o al menos esa era la idea original cuando empecé a escribir. Ahora, como se darán cuenta, no es imprescindible que el libro en cuestión sea omnipresente...


Espero que les guste la propuesta. Si no hay cuorum, entonces la quitamos. El decretazo en la publicación tiene como objetivo el sacudir un poco la inspiración que parece que nos está evitando últimamente.



Episodio 1:
Respiración

- "La meditación empieza y termina con la conciencia de uno mismo, y el poder de aislar toda circunstancia externa al cuerpo, despegar la mente del mundo, y regresar a la matriz en donde se generó el conocimiento de la existencia." -

Eso lo hizo sentirse más cómodo con la lectura. Esta sería uno de esos raros momentos en los cuales se daría el lujo de sentirse superior al profeta escribiente, ya que nunca se supo una persona brillante. Jamás obtuvo las mejores notas ni hizo algo realmente significativo durante sus estudios que disminuyera ese sentimiento de supervivencia constante. Tampoco tenía muchos pasatiempos, y los que practicaba en la actualidad eran más el resultado de un acomodamiento socio-cultural con sus semejantes que de una verdadera pasión.

De hecho, las pasiones no habían invadido jamás su vida, ni siquiera en los temas amorosos.
Recordó que la primera vez que besó los labios de alguien fue en una funesta jugada con la botella de vidrio de un refresco, atrás del edificio que los del barrio llamaban "La Obra".
Él no era del barrio. Iba dos por tres a visitar a sus primos a ese lugar. Sus primos eran mellizos de distinto género, un año menores que él. Cada vez que los visitaba, terminaba en la calle jugando con ellos y el resto de los niños del barrio.

Con el paso del tiempo, los juegos de la mancha y la escondida se fueron convirtiendo en excusas perfectas para esos primeros ensayos de seducción y dieron paso a otras actividades recreativas, un poco más arriesgadas en ese sentido, como el "cuarto oscuro", el "ese ese" y el famoso "juego de la botella". Tendría unos 10 u 11 años cuando aquella jugada le llevaría a probar los labios de otra persona por primera vez.

Se sabía atractivo para las niñas del barrio. Incluso su prima Valentina tenía cierta debilidad femenina hacia él. El resto de las niñas del barrio hacían lo posible para coincidir en el mismo escondite que él durante las tardes, y sobre todo cuando las sesiones de juegos se extendían hasta la noche. Jéssica era la más alevosa, y procuraba que accidentalmente sus manos se rozaran o sus cuerpos se chocaran en la mancha.

Él no recordaba haber sentido algún tipo de entusiasmo por ella. De hecho, lo poco que podría haber sentido hacia la niña desapareció aquella noche detrás de "La Obra", en donde el pico de la botella lo señaló sellando la jugada.
Entonces él exhaló con fuerza. Tenía aún una esperanza. Debían ponerse de espaldas y elegir un número del 1 al 5 que mostrarían con la mano. El 1 era una cachetada, el 2 un abrazo, el 3 un pisotón, el 4 una caricia y el 5, un piquito, y más de 5, un beso de lengua. Para obtener ese puntaje se sumarían las elecciones de los dos involucrados.
El juego es riesgoso. La elección personal insinuaba una voluntad y él no quería herir los sentimientos de Jéssica optando por un 1 o un 3. Si elegía el cero y ella también, dejaría que el resto de los jugadores impusiera la prenda y eso no le convenía ya que Jéssica se había hecho aliada de Valentina y otra niña, Nazareth, para lograr lo que quería.
Así que elegió el 2, un poco resignado. Ella eligió el 4, cosa que derribó las esperanzas que le quedaban. Se rascó la cabeza mientras el resto aullaba y reía, arengándolo.
En su recuerdo ese beso fue mostruoso, torpe, y desagradable. La boca de Jéssica succionó sus labios y sabía a chicle de sandía, y cuando su lengua encontró la suya, le pareció que estaba saboreando una lombriz de tierra viscosa, que lejos de tener sabor a sandía, se parecía más bien al sabor ocre de un clavo.
Tuvo arcadas que lo obligaron a separar aquella ventosa humana y correr hacia la calle para tomar aire, mientras la niña, enfurecida, lloraba, y Valentina la consolaba.

Desde esa tarde se ganó el odio de todas las niñas, y se desvaneció por completo el brillo que posiblemente habría en su persona. La adolescencia y sus males cutáneos y vocales terminaron de definir su destino.
Para cuando llegó a la univeresidad, se había transformado en casi un ratón de biblioteca, no porque le gustara estudiar, sino porque eligió una carrera obliga a internarse en las sombras de las bibliotecas, carrera para la cual sus padres le habían sugestionado desde pequeño.
A él cualquier carrera le daba igual, y pensó que las letras podrían al menos desarrollar cierta inteligencia, o le harían destacar algún rasgo de lucidez que, como a Woody Allen, o cualquiera de esos feúchos que andan poer ahí, le crean cierto atractivo.
Sin embargo, descubrió sin demasiada sorpresa que no se sentía más inteligente y mucho menos interesante, ni con ese sex appeal extra de los intelectualoides, a pesar de devorar, uno tras otro, aquellos libros gordos, viejos y ásperos en su gran mayoría.

Así llegó a esa edad en que se supone que se es adulto ya... sin pena ni goria, sin altos ni bajos.

El libraco de meditación seguía abierto en la página del prólogo.

- Al menos no me tocó usar lentes. Capaz que cuando sea viejo me tocan esos chiquitos de ver de cerca, pero por ahora vengo zafando.- Había tomado esa costumbre de hablar con su reflejo en el vidrio de la ventana del estudio. Era fácil porque leía hasta altas horas de la madrugada y la misma lámpara, inamovible, enmarcaba un tercio de su pefil en el reflejo. A veces sentía que hablaba con otra persona, y eso sonaba reconfortante, por neurótico que esto le parezca a los demás.

Viajar podría haberle abierto algunas puertas. Su memoria lo llevó entonces a esos meses de transición entre la secundaria y la universidad. Siguiendo la moda de sus compañeros de carrera, se fue a recorrer Europa. Tenía bastante ahorrado como para unos meses. Fue entonces que visitó Inglaterra, Irlanda, Paris, Amsterdam, Estocolmo, Roma, Madrid y Barcelona, por nombrar algunos lugares, y hasta fue a Lisboa por un error en la compra de los boletos.
Todo le pereció tan pesado y polvoriento como los libros de la biblioteca.

Recordaba vagamente aquel encuentro en Praga, con una muchacha un poco más joven que él, una chica acurrucada en sí misma, sentada en el banco de una plaza, que le dirigió una mirada fugaz, indiferente, mientras daba vuelta una página del libro. Por un momento pensó en acercársele y hablarle, pero descartó esa posibilidad al instante.
Estuvo a punto de seguir su rumbo (o desrumbo, porque no tenía muy claro qué hacía en ese lugar) cuando percibió que la chica se levantaba, libro en mano, y caminaba en dirección a una callejuela invadida por turistas y locatarios.
¿Por qué decidió seguirla? No lo recuerda. En aquel momento parecía urgente.
Así que cuidando de mantener una distancia prudente, y sin modificar el ritmo de sus pasos, se aventuró por la callejuela.

La siguió unas 5 cuadras, hasta que la chica entró en una tiendita, de libros, por supuesto.

A través de la vidriera la observó durante unos minutos. La muchacha recorría con la mirada los títulos de los libros. De vez en cuando se detenía en uno, lo sacaba del estante, revisaba la contratapa, o alguna página al azar, y lo volvía a acomodar cuidadosamente.
Mientras tanto, él permanecía en la calle, tratando de decidirse a entrar, algo que jamás consiguió hacer.
Al cabo de unos 10 minutos, alguien se aproximó a la muchacha, un joven más o menos de su misma edad, con aspecto eslavo, e intercambió algunas palabras con la muchacha. Ella respondió sin sonreir, sin entusiasmo, utilizando el libro, que llevara anteriormente en su mano, como un escudo contra el pecho. El eslavo desistió visiblemente de su intento de conquista y salió del local con una media sonrisa en los labios.
La vidriera enmarcaba perfectamente a la muchacha, que regresó al ritual de escaneo de los libros de la estantería más cercana.

Nunca entró a la librería. Ni siquiera recordaba qué hizo después de ese breve episodio. Su mente regresó al prólogo del libro de meditación.

Leer es una actividad demasiado íntima, que roza con el egoísmo, pensó. El escritor jamás podría preveer la gama de pensamientos que serán desencadenados con las obras que crea. Sí puede ser consciente de lo que él mismo piensa e imagina en el proceso de escritura. Pero una vez que otros ojos se posan sobre el texto, existen infinitas interpretaciones de las mismas palabras que dependen de cada lector. ¿Quién escribiría a sabiendas ese prólogo tan insípido? ¿Quién le había aconsejado leer este libro en paricular? Ah! Es cierto! A su prima Valentina se le ocurrió que él necesitaba ayuda mística para ser un tipo "normalito".

Para él su prima no era normal. Normal es que uno viva su vida, sin molestar demasiado a los demás, con una rutina más o menos organizada, con un propósito general. Valentina vivía a través de la desgracia ajena, inclinación que nació en esos años de juegos seductores en "La Obra". Se fue transformando en guía psíquica o algo así, con derecho de hablar de todo el mundo como si ella fuese ama y señora de la Verdad Absoluta y de los concimientos ocultos para el común de la gente. Para él, ridículo, igual que el libro. Pero la costumbre había conseguido que leyera cualquier libro que tuviese a su alcance. Deformación profesional, le dicen.

To be continued...

15 agosto 2007

Cambio de trabajo



Hoy bajo el sol abrasador del verano me acordaba de una mañana pocos meses atras...
Una capa brillante y gélida cubría ese día Amsterdam. El aliento se congelaba nada más salir de los pulmones y se sentía cristalizar hasta en el mismísimo corazón una vez puestos los pies fuera de casa. El tejado del Rijksmuseum tenía un brillo acerado a la luz del sol naciente y las gaviotas volaban sin descanso por miedo a que al posarse sobre las canaletas una patita se les pegase por el frío y más tarde se quedase allí, al querer salir volando.

Yo iba perdiendo trocitos del alma como si de cubitos de hielo se tratase, se me escapaban de las mangas del abrigo, de las botas cuando las sacudía un poquito y hasta del sombrero. En el tranvía se estaba formando una montañita junto a mis pies haciendo que los pasajeros que subían se resbalasen y cayesen en el charco que se extendía por el suelo. Mirando por la ventana me di cuenta de que yo no era la única que perdía el alma de esta manera: un viejecito envuelto en varios abrigos y bufandas empujaba un carrito lleno de trocitos de hielo, de vez en cuando se paraba al lado de los madrugadores que esperanban el transporte público, sacaba un pala de plástico rojo del bolsillo y seguía llenando su carrito con los pedacitos helados perdidos por los futuros pasajeros. Estos se lo quedaban mirando sorprendidos, primero a él luego a la montañita de hielo, alejándose de ella como si fuese algo sucio sin comprender que era su alma lo que estaban perdiendo.

Fijándome un poco más me di cuenta de que el hielo desprendido cambiaba de color sergún la persona que lo perdía. Así el mío irradiaba un color azul metálico desde el interior de cada trocito, difuminado por la capa que lo envolvía; la de la señora que se sentaba junto a mi tenía un color marrón oxidado y la del conductor era tan roja que parecía arder mientras tocaba el clacson y le gritaba al ciclista que se había cruzado en su camino sin mirar.

El anciano seguía allí, recogiendo los pedacitos sueltos. No lo pude evitar y me bajé del tranvía para hablar con él.
- Para qué colecciona los trocitos de hielo, opa?
Unos ojos de un azul profundo se volvieron hacia mi y me sonrieron amablemente, después se volvió a agachar para seguir con su recolección, esa vez fueron los míos los que acabaron en su carrito.
- Cuando salga el sol -me dijo con una voz aterciopelada- todo el mundo va a querer recuperar su alma, pero ésta se habrá derretido y habrá sido pisoteada y ensuciada. Yo busco los trocitos que la gente deja caer, los selecciono y los junto de nuevo antes de meterlos en el congelador. Así, al llegar la primavera podreis disfrutar otra vez de sus colores y olores en lugar de estar rodeados de ese mundo gris y feo en el que os moveis ahora.

Después de pensármelo un rato me puse los guantes y comencé a juntar pedacitos y echarlos al carro.

Desde ese día cambíe de trabajo: me hice asistente del recolector de almas caidas, a ver si por lo menos consigo recuperar la mía...
Publicado anteriormente en mi blog Cronicas Urbanas... se me perdió el alma junto con la inspiración y voy en su búsqueda...

08 agosto 2007

Tamos sin alma.

14 enero 2007

Estas fiestas

Pasaron las fiestas. Se pudo coordinar bastante bien dónde iríamos cada día.
Siempre me acuerdo del cuento de Landriscina... "y todavía queda Reyes para desempatar..."
Por primera vez oficié de locatario un 24.
Vinieron mis hermanas con sus familias y mamá.
Mi hermano varón, llegó de Tenerife recién el 2 de enero.
Es uno de los que "quedó adentro" con el cierre de AirMadrid.
La alegría de los chiquilines nos hace recordar nuestra alegría cuando éramos uno y se acercaban las fiestas.
Santiago esperando que sean las 12 para largar su artillería.
Sofía esperando la apertura de los regalos.
A veces no queremos crecer.
Sofía ya sabe de los reyes desde hace un año y medio.
Sin embargo, igual insistió en poner los zapatitos y agua y pasto como siempre.
Terminadas las fiestas, empiezan los días de playa, de descanso.
2007: ¡Un buen año nos espera!

02 diciembre 2006

Nueve

Obsesiones



Dice la real academia:

obsesión.

(Del lat. obsessĭo, -ōnis, asedio).

1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.

2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.


[hasta el 31 de noviembre]


 

30 noviembre 2006

LISTA

la lista de la compra
la lista del viaje
la lista de la ropa
la lista de los laburos que tuve
la lista de las cosas que me dan alergia
la lista de los gastos
la lista de los teléfonos de los amigos
la lista de las deudas
la lista de los cumpleaños
la lista de las cosas que quiero para mi cumpleaños
la lista de los pendientes del laburo
la lista de los CD que me traerán de Montevideo
la lista con los teléfonos de emergencia
la lista con los libros que quiero leer
la lista con las palabras que no quiero olvidar
la lista de los regalos que comprar en navidad
la lista de mis afirmaciones de autoconfianza
la lista de los lugares de Uruguay que extraño
la lista de las enfermedades

13 noviembre 2006

No me sale nada respecto a esto,
solo digo que los que lo padezcan, reconozcanlo y paren un cacho,
sentirse captura,.....ah!!!..
I meet people which chage theese, (se escribe así?)
bueno, esto fué lo que salió
que bueno.

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negritacursiva es una bitácora de gente que no tiene nada en común, pero son muy buenos disimulando.

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